“Si me ponen enfrente de dos mesas, una llena de guisados, pastas, sopas, carnes y me ponen una de puros postres, pasteles y galletas. Sin dudarlo me voy a la de los postres”  Así dice Elba. Y crecimos con el perfume constante que salía del horno, con rollos de fresa, pasteles, galletas, pays y un sin fin de delicias que nos han acompañado desde que tenemos uso de razón. Las empanadas de lechecilla, el pay de limón con su nube de merengue perfectamente inflada y dorada en las puntas, sus famosas galletas blancas de pasta suave y espolvoreadas de azúcar glass de las cuales se hacian kilos y kilos para regalar a las maestras y para cumplir nuestros antojos (y ahora el del los clientes de Elba). El pastel de dominó! Que era una friega hacerlo pero siempre nos acontentaba cuando lo pediamos (y lo seguimos pidiendo) para nuestros cumpleaños… un cuadrito de vainilla, un cuadrito de chocolate en cada rebanada.  La lechecilla con su capa de azúcar quemada que cruje cuando metes la cuchara o el flan que de tan cremoso se deshace en la boca. 34 años de paraíso… y los que faltan!! 

Con este background, expliquenme cómo no tener tanto entusiasmo por probar los postres que se  me aparecen “por arte de magia” a donde quiera que voy. Ni modo de no dejar un huequito en la panza cuando vas a cenar a algun lugar para pedir el postre?

Una de las cosas en Italia que conquistó mi corazón sin nungún esfuerzo han sido las Pasticcerias (pastelerias). En mi pueblo sé perrrfecto, cuales son las mejores, en cuál se hornea la mejor la crostata de mirtillo o el pastel de chocolate, donde hacen el mejor pastel Sacher ( pan de chocolate con mermelada de chabacano y glasa de chocolate).  Cuando alguien viene a visitarme, (sobre todo la familia que no perdonamos el pan, pastel, postre) es de ley que les dé el tour de pasticcerias (que ya tengo bien armado) Pasamos días, semanas, probando todo lo que los aparadores con astucia nos ofrecen y obvio hay que regresar para dobletear con el que más nos gustó. 

Y asi voy por Trieste, sus alrededores y donde me encuentre. Pasticceria nueva, hay que probar, quién sabe qué novedad ofrezcan. Seguro hay algo que todavía no conozco, que no he probado. Quien sabe por qué, pero hay buena química entre las pasticcerias, las que atienden y yo. Será que cada vez que entro me brillan los ojitos, será que se organiza la buena platica entre masas, sabores y maneras de hornear en nuestros paises de orígen?  Las chicas que atienden y yo nos entendemos, somos uno mismo, preguntan por Elba cada vez que voy y le mandan sus saludos.  La que sabe que su pan favorito es el árabe con nueces enteras pregunta que cuando vuelve a visitarnos. La de la Bomboniera (la number one) dice que cuando vaya a México quiere pasar a saludarla y llevarle la colomba que tanto le gusta (pan tipico de la época de pascua a forma de paloma). 

Algo que me encanta es que hacen porciones chiquitas, justo de una o dos mordidas, asi que es muy fácil caer en la tentación de decir “uta, tanto pastel y yo a dieta… bueno… es chiquito, sí me lo chin…!” y ahi voy! La mini-porción de pasta frolla (una masa muy suave) con mermelada de chabacano o de pan de vainilla con crema de chocolate encima, los dulces de castaña, las galletas para el té.  Esté o no cuidando le línea, un pastelito si me lo concedo. A veces más a veces menos. Entre el gelato y el pastel no sé a donde voy a llegar :)

Tengo que reconocer que para esto de la golosina la italianada se pinta sola y yo me ofrezco humildemente a acompañarlos. Digo… pa’ dar mi opinión y hacer intercambio de culturas..de opinión “internacional”… ;) Quién sabe cuantos tips podamos compartir… es un “sacrificio” que sigo haciendo con taaanto gusto por el bien de los clientes de Elba, de la gastronomía y de la lombriz degustadora que traigo dentro.